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Criminalidad, la nueva transnacional latinoamericana que convierte a Colombia en centro de operaciones

elEconomistaAmérica.com | Colombia - 3:33 - 5/02/2018
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  • La misma Unidad Investigativa de EL TIEMPO revelaba hace una semana la creciente presencia de mafias mexicanas del narcotráfico en ya diez zonas del país, a través de la compra y control de los cultivos de coca que antes administraban las Farc.

  • "Hacía muchos años los colombianos no sentían tanta inseguridad, tanta falta de autoridad y tanta desprotección del Estado", señala el informe de la Revista SEMANA.

Por la ola de inseguridad, se pierde hasta la vida por un teléfono móvil, un auto o una bicicleta.

Una fuerte injerencia de la criminalidad latinoamericana y la débil acción de la justicia nacional en la ola de inseguridad que ha azotado sin clemencia a Colombia este comienzo de año han develado los informes y análisis de los distintos medios del país.

Por ejemplo, un completo informe de la Unidad Investigativa de EL TIEMPO advierte que ya ninguna autoridad niega que Bogotá está viviendo un pico de violencia inusitado que tiene atemorizada a la ciudadanía.

Esta misma Unidad Investigativa revelaba hace una semana la creciente presencia de mafias mexicanas del narcotráfico en ya diez zonas del país, a través de la compra y control de los cultivos de coca que antes administraban las Farc.

"Ya ha habido plantones en calles del norte y del centro, para exigir protección, respuestas y justicia", recuenta la información.

Por instrucción del presidente Juan Manuel Santos, la primera reacción fue enviar a 500 policías a reforzar la seguridad en la capital.

"Pero EL TIEMPO conoció un informe de organismos de inteligencia que señala que esta explosión delincuencial no es un tema solo policial".

Hay boquetes en el sistema judicial y carcelario que están expulsando delincuentes a las calles, y hay fallas estructurales en las políticas de seguridad nacional, que se volcaron al conflicto armado interno y abandonaron las ciudades: dos fenómenos para los cuales las cámaras de seguridad, la prohibición de parrilleros en moto y el pie de fuerza no bastan.

De la cárcel a la calle

Uno de los detonantes del pico de violencia es la excarcelación de delincuentes que trajo consigo la llamada descongestión carcelaria.

La medida, que se logró frenar durante un año, entró en plena vigencia en julio pasado y, según cifras oficiales, van cerca de 1.500 beneficiados y 11.000 hacen cola para volver a las calles, alegando que no les han resuelto su situación jurídica.

No obstante, la sevicia y la violencia desplegada en casos como el de Rosales –en el que la mujer fue baleada en el cuello, insultada y tirada al piso– parecen tener un origen diferente.

Oficiales de la Dijín, bajo el mando del general Jorge Luis Vargas, no tienen duda de que organizaciones procedentes de Medellín, más violentas y organizadas que las locales, han enviado gente a Bogotá a disputarse las rentas criminales y a reclutar ladrones a los que les imponen su 'modus operandi'.

Ya están colonizando tres líneas: el narcotráfico, el robo de carros blindados y de alta gama y el de artículos de lujo, como joyas, relojes de marca y celulares.

"Las estructuras delincuenciales en Bogotá no ejercen control territorial ni son tan violentas. En Medellín tienen un gran aparato de poder e, incluso, usan fusiles para asaltar. Como EL TIEMPO lo reveló, tienen redes para mover los blindados hurtados a Ecuador y a otras regiones, para venderlos a mafiosos y jefes de bandas criminales. Acá, en la capital, el microtráfico funciona en pequeños clanes que manejan el negocio en localidades como Suba, Bosa, Kennedy y el sector de San Bernardo", explica un oficial.

Desmovilizados en la mira

De hecho, indagan la presencia de desmovilizados de las Farc en estos actos criminales. La línea de investigación se activó luego de conocerse que en el caso del crimen de Jhonny Orjuela, dueño de Surtifruver, el sicario que iba a ejecutar el homicidio era inicialmente un desmovilizado de esa guerrilla que planeaba quedarse con la cadena de fruterías.

"Tienen gente en pasos fronterizos y también nutren los mercados de Chile, Perú y Brasil. Ya les hemos dado dos golpes con varias capturas y ahora vamos por sus cabezas, que posan de comerciantes en los sanandresitos y operan desde oficinas en la calle 72 y en Medellín", explicó un oficial de la Dijín que les ha dado varios golpes a reducidores y comerciantes que hacen parte de esas redes.

De hecho, aunque la Policía admite que hay un subregistro de denuncias por este delito, asegura que el número de aparatos robados es mucho menor al que reportan los privados (más de 1,2 millones), porque en esas escandalosas estadísticas incluyen aparatos extraviados.

A este panorama se unen otros dos factores perturbadores: un preocupante y creciente brote de delincuencia entre algunos inmigrantes venezolanos y el enquistamiento de una célula urbana de la guerrilla del Eln, conectada con atentados como el del sábado en Barranquilla, que dejó cinco policías muertos y 42 heridos.

Delincuencia transnacional

El tema de los venezolanos está en aumento. Pero las autoridades aseguran que no está ligado a la delincuencia organizada y que no se puede estigmatizar a una población por algunos casos. "Es como si se dijera que todos los colombianos somos narcotraficantes", advierte el investigador.

En todo caso, las cifras empiezan a alarmar. La Policía Metropolitana de Bogotá capturó por hurto a personas y establecimientos a 244 ciudadanos de ese país en el 2017. Y además tratan de esclarecer si el violador de la joven recepcionista del edificio de la calle 82 con carrera 15 es o no un ciudadano venezolano, como ella se los indicó a las autoridades.

"En Bogotá hay una complejidad criminal frente a la cual la estrategia de cuadrantes se quedó corta. Detrás de un ladrón hay bandas muy organizadas, con ramificaciones internacionales y delincuentes entrenados. Y a esos hay que apuntar", concluye Hugo Acero, experto en seguridad.

A quemarropa

Por su parte, el informe central de la Revista Semana recuerda como en los últimos ocho días el país vivió una realidad que los colombianos creían superada.

Atentados terroristas, una avioneta secuestrada, líderes de tierras asesinados, sangrientas vendettas de la mafia y una delincuencia común desbordada, cuya sevicia indignó al país cuando una mujer embarazada recibió tres tiros a quemarropa de unos criminales que trataban de robarle el carro, reseña la información.

"Hacía muchos años los colombianos no sentían tanta inseguridad, tanta falta de autoridad y tanta desprotección del Estado".

Pero quizás lo más increíble es que la mayoría de los episodios violentos que sacudieron al país en los últimos días tienen un denominador común: delincuentes reincidentes capturados en el pasado por todo tipo de delitos y, por distintas razones, dejados en libertad en los estrados judiciales.

Esta oleada de inseguridad terminó amplificada en las redes sociales por medio de cadenas en WhatsApp, comentarios apasionados e indignados y hasta falsas noticias con las que muchos quisieron pescar en río revuelto

. ¿Qué pasó? ¿Qué tan inseguro está el país? ¿Acaso regresó Colombia a épocas superadas o hay un pánico exagerado frente a episodios mediáticos, pero que no reflejan la situación real de seguridad?.

Ciudades y regiones

De acuerdo con el informe de Semana, en Bogotá, los habitantes sufren especialmente este fenómeno. En los últimos cuatro años las autoridades capturaron a 26.865 delincuentes en flagrancia, la mayoría implicados por robo a personas y entidades comerciales o por tráfico de estupefacientes y homicidio.

Lo increíble es que de esa cifra más del 90 por ciento (25.333) de ellos habían sido detenidos al menos en cinco oportunidades y no pasaron más de un año tras las rejas.

"El país necesita dar un debate de fondo sobre la política criminal y el tratamiento penal a delincuentes reincidentes. Mientras estos delincuentes no paguen condenas efectivas, estamos enviando como sociedad una señal muy equivocada: que el crimen paga", dijo a SEMANA el secretario de Seguridad de la Alcaldía de Bogotá, Daniel Mejía.

Pero si en Bogotá llueve, en otras ciudades no escampa. En Barranquilla, por ejemplo, en los primeros ocho meses del año pasado las autoridades capturaron a 4.907 personas. Pero solo 397, el 8 por ciento, obtuvieron medida de aseguramiento en centro carcelario y 3.864 quedaron en libertad, es decir que el 79 por ciento de los capturados ni siquiera pisó la cárcel. Del total de la cifra de detenidos que salieron libres, 339 eran delincuentes reincidentes capturados en al menos cinco oportunidades por delitos como homicidio, hurto y porte ilegal de armas.

El problema radica, para el secretario del Interior del departamento del Atlántico, Guillermo Polo, en la imposibilidad del sistema penal para procesar y sancionar a quienes infringen la ley penal, especialmente en delitos de alto impacto, lo que se suma a las dificultades para aplicar programas de resocialización. "En últimas, el delincuente reincide porque tiene la certeza de que la posibilidad de que lo sancionen es realmente baja", afirmó.

En el barrio Robledo, de Medellín, el miércoles aparecieron los cadáveres de 4 personas envueltos en sábanas. Con ellos la capital antioqueña llegó a 52 asesinatos en lo que va de 2018. Muchos de esos crímenes son coletazos del reacomodo de las grandes mafias, y en este caso en particular tendrían que ver con la captura de alias Tom, uno de los grandes capos. Aunque este tipo de vendettas suelen ser cíclicas y ligadas a muertes y detenciones de narcos, el mayor problema de los paisas también son los reincidentes.

"Estas recapturas obedecen a delitos como tráfico de estupefacientes y hurto a personas, y generan consecuencias nefastas para la seguridad", dijo a SEMANA el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez.

"En Medellín se capturó a una misma persona hasta 50 veces, lo que destruye la confianza de la ciudadanía en las instituciones del Estado. El ciudadano está mamado de que lo roben, y más de saber que quien lo hizo vuelve a las calles a seguir robando. La solución no es soltar los criminales, sino definir una política carcelaria seria", concluye Gutiérrez.

Las quejas de los mandatarios locales aparecen por todo el país. Rafael Martínez, alcalde de Santa Marta, contó a SEMANA que en el más reciente consejo de seguridad en su ciudad demostró que de las 3.000 capturas solo el 15 por ciento terminó en detenciones intramurales.

"La gente cree que las administraciones y la Policía no trabajan. Cuando organizamos operativos y hacemos capturas, se entregan a la Justicia, pero la rama judicial no responde. Incluso, es la legislación, más que la rama judicial" afirma.

En Cartagena la situación es aún más crítica por la crisis de liderazgo político que desde hace varios años vive la Heroica. "El 45 por ciento de los ciudadanos de la Heroica se siente inseguro con su ciudad y el 36 por ciento se siente inseguro en su barrio. La principal razón es la ocurrencia de constantes atracos callejeros cometidos por pandillas y drogadictos", dijo a SEMANA María Claudia Peñas, directora del programa ciudadano Cartagena Cómo Vamos.

"La percepción de impunidad en la ciudad es muy alta. Solo 5 de cada 10 cartageneros creen que quienes porten armas, agredan a otra persona o incumplan las normas de tránsito serán sancionados. Eso indica el nivel de desgobierno de una ciudad que ha tenido 8 alcaldes en los últimos 6 años", concluye.

En Valle del Cauca la situación no es distinta. "Nos afectan mucho las detenciones domiciliarias, ya que casi siempre cobijan a temidos delincuentes que luego reinciden", aseguró Noralba García, secretaria de Gobierno de la Gobernación de ese departamento.

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