Politica

Colombia: el país que da la espalda a la indiferencia

  • Este grito de rechazo de Colombia a su gobierno no necesitó de partidismos, ni de arengas estudiantiles ni de grupos determinados, sectas o asociaciones.
  • Otro aspecto para resaltar fue el rechazo a la capucha, la mayoría de las personas que salieron a protestar lo hicieron con la cara destapada, planteando sus argumentos y poniendo su rostro como escudo para enfrentar la violencia. !Bravo por eso!
En su gran mayoría la protesta fue pacífica y al gobierno corresponde no solo escuchar, sino también actuar.

El país que hoy despertó no es el mismo de siempre. Algo cambió en su sentimiento político, en su forma de expresarse, en su manera de hacerse escuchar; me bastó salir a la calle y ver y oír un cacerolazo en vivo y en directo. En directo | Protestas sociales en Colombia.

Por Lourdes Molina Navarro Especial para El Economista (*)

La cacerola fue la ruidosa arma para manifestar pacificamente en cada vecindario y la pijama el traje de fatiga, elementos que sirvieron para darme cuenta que Colombia, por fin, se despojó de su vestido de indiferencia en el cual se arropó por muy largo tiempo.

Y no es solo cómo transcurrió el Paro Nacional que se vivió ayer en todas las regiones del país con sus voces de rechazo al actual Gobierno, que tras quince meses de haber asumido el poder no parece encontrar ese norte por el cual claman los colombianos, en momentos en que, desafortunadamente, no cesan las muertes de líderes sociales, la informalidad en el empleo urbano y rural sigue en aumento, las oportunidades en educación superior son escasas para el común de la gente, por su elevado costo, por lo cual se precisan muchos más recursos para la educación pública, y se sienten fuertes vientos de incertidumbre frente a reformas como la tributaria, laboral y de pensiones. No es un caldo fácil de pasarse para nadie.

A pesar de que ayer prevaleció la marcha pacífica y que fueron muchas las personas que caminaron con tranquilidad, con la sola idea de ser vistas y escuchadas, convertidas en el fuerte alarido de la masa, este grito de rechazo de Colombia a su gobierno no necesitó de partidismos, ni de arengas estudiantiles ni de grupos determinados, sectas o asociaciones. Todo sobró en este escenario inconforme y sí se observó un paro nacional de unas dimensiones que ni la misma gente que lo hizo posible, imaginó.

Fueron numerosas las empresas que pararon sus actividades, los almacenes que no abrieron, las compañías que hicieron teletrabajo, universidades y colegios que no dieron clases, servicios de transporte que no se prestaron y también muchas las personas que prefirieron guardarse en sus hogares por temor al peligro para su integridad física.

La multitud marchó por diversas razones y se entremezclaron los trabajadores, sindicalizados o no, los estudiantes, las amas de casa, los maestros, los profesores universitarios, los defensores de derechos humanos, los campesinos, los ambientalistas, los indígenas, los líderes sociales y comunales y los profesionales de distintas disciplinas, entre otros protagonistas.

Cerco a los vándalos

No obstante, aunque los vándalos y destructores de lo ajeno, no encontraron eco en la ciudadanía, quienes, en su mayoría, hicieron cerco para cerrarles el paso, se presentaron bloqueos en el sistema de transporte masivo y en las vías, ocasionando disturbios en Bogotá, en Cali, que tuvo que declarar el toque de queda, en Medellín, Popayán, Barranquilla y Manizales, entre otras ciudades que reportaron actos irregulares y explosivos incautados, entre otras acciones reprochables.

Una gran muestra de civismo y pacifismo la dio la multitud que llegó a la Plaza de Bolívar, en Bogotá. Fue un panorama inimaginable que terminó mal por causa de los violentos infiltrados que generaron enfrentamientos con el Esmad, Escuadrón Móvil Antidisturbios de la Policía Nacional, el cual roció la jornada con gases lacrimógenos como respuesta a las bombas molotov, un coctel que siempre concluye con heridos y deterioro de los bienes públicos.

Otro aspecto para resaltar fue el rechazo a la capucha, la mayoría de las personas que salieron a protestar lo hicieron con la cara destapada, planteando sus argumentos y poniendo su rostro como escudo para enfrentar la violencia. !Bravo por eso!

A su vez, el presidente de la República, Iván Duque, le manifestó al país, antes del paro, que le garantizaba su derecho a la protesta pacífica y que las autoridades estarían prestas a preservar la vida, honra, bienes y bienestar general de la población sin tolerar hechos de violencia. Los gremios de la producción igualmente reconocieron el derecho a la protesta en paz, rechazaron cualquier acto violento e hicieron un llamado al trabajo.

Sin embargo, no puede desconocerse que este paro nacional en Colombia, generó más temor del habitual porque América Latina ha estado agitada socialmente y están muy recientes los hechos violentos que han sacudido a Chile, Bolivia y Ecuador. Así que cuando el vecindario se mueve, hasta aquí sentimos el remezón.

A escuchar y actuar

Lo cierto es que el paro terminó con un cacerolazo que duró varias horas en muchas ciudades de país y no había concluido del todo, cuando el presidente Iván Duque se dirigió a los colombianos, resaltando la actitud de la ciudadanía, "que rechazó a los vándalos y dejó claro que, para expresarse, no se necesita acudir a la violencia", dijo el primer mandatario en su intervención.

Manifestó: "Somos un Gobierno que escucha y que construye. Entendemos que la protesta pacífica es legítima en una democracia. Y que a lo largo de la historia han surgido frustraciones que debemos resolver y que hemos venido atendiendo", al tiempo que se refirió a la necesidad de profundizar el diálogo y acelerar la agenda social y de lucha contra corrupción.

Para el Presidente este es un buen momento para pasar de las buenas intenciones a los cambios contundentes que espera el país.

Y como no hay que buscar la calentura en las sábanas sino saber escuchar y hacerlo a tiempo, voces como la de la ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, quien argumentó que el paro nacional se dio por fines políticos y con el concurso de la oposición, es importante que luego de analizar los resultados de la jornada, se traduzcan en la implementación de políticas públicas que den respuestas al clamor popular.

Durante mucho tiempo y lo reconozco, incluso lo dije muchas veces, en las clases con mis compañeros de Maestría en Estudios Políticos, que Colombia tristemente se merecía su suerte porque éramos un país totalmente indiferente y sin esperanza, que no nos dolía nada, ni los desparecidos, ni los asesinatos aberrantes, incluso de niños, ni la rampante desigualdad económica que se vivía, ni la corrupción, ni los muchos años de guerra y de conflicto interno, y cuando supe de ese suicidio de una madre con su hijo, yo pensé que habíamos tocado fondo y me dije: no hay nada capaz de conmover realmente al país.

Pero no, me equivoqué, anoche sentí que nuestra democracia tiene esperanza y está más viva que nunca y por ello termino compartiendo frases de Antonio Gramsci: "Decir la verdad es siempre revolucionario. Odio a los indiferentes. Quien verdaderamente vive no puede dejar de ser ciudadano y tomar posición. La indiferencia es abulia, es parasitismo, es cobardía, no es vida".

Y mi conclusión: Hemos recuperado la vida, la conciencia de ser adultos y derrotado a la indiferencia.

(*) Periodista y escritora colombiana con trayectoria en medios de comunicación económicos y empresariales. Magíster de Estudios Políticos en la Universidad Javeriana.

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